El arte más contemporáneo, en la pantalla de tu salón

Paca Mori

Mil veces hemos oído eso de “es que yo estas moderneces no las entiendo” o “esto lo podría haber hecho mi sobrino que tiene cinco años” En definitiva, muchas pensáis que el arte contemporáneo es territorio de unos pocos entendidos, un medio elitista que solo una minoría conoce y aprecia. Sin embargo, y aunque las tendencias artísticas contemporáneas no sean en principio plato de vuestro gusto, todas sabemos sobre arte mucho más de lo que creemos gracias a medios masivos como la tele o el cine que llevan años acercándonos a artistas y obras. Podremos desconocer su nombre o título pero nos resultan enormemente familiares e, incluso, forman parte de nuestro imaginario popular. Por supuesto, la televisión y el cine gay y lésbico no son un excepción: series como The L Word o películas como High Art o Far From Heaven llevan años acercándonos a los artistas más destacados del panorama internacional.

“La madre de todas las series bollo”: The L Word, el culebrón lésbico que a todas nos encanta odiar pero casi todas hemos visto religiosamente durante seis temporadas y del que muchas conocen cada escena al dedillo, nos ha acercado desde sus mismísimos y odiados títulos de crédito hasta su capítulo final a lo más granado del arte contemporáneo creado por mujeres, haciendo que la obra de artistas como Shirin Neshat, Catherine Opie, Lisa Yuskavage o Laurie Papou, a las que quizá no conozcáis por su nombre, nos sea enormemente familiar.

El personaje de Bette Porter (Jennifer Beals), en especial su etapa como directora y comisaria del ficticio museo de arte contemporáneo CAC, proporciona a las guionistas una excusa a través de la cual explorar temas como la representación femenina tanto en el arte como en otros tipos de cultura visual, haciendo de la relación entre alta cultura y cultura de masas una parte fundamental de la puesta en escena de la serie. The L Word, a través de la exhibición en pantalla de obras de arte reales y concretas siempre creadas por mujeres, expone al público la necesidad de modos innovadores de auto-representación femenina, sobre todo lésbica, tras una eternidad de ostracismo, heterocéntrismo y objetualización de la mujer.

Este es el caso de las fotografías de la artista americana Catherine Opie, una de los más grandes exponentes de la fotografía documental actual, cuya obra forma parte de la colección del MoMA y ha sido objeto de exposiciones en instituciones como el Guggenheim de Nueva York. Opie explora a través de su obra aspectos como el género o la creación de la identidad a través de la pertenencia a comunidades (ya sean sujetos transexuales, surferos o incluso jugadores de rugby de instituto). ¿Os suena? Quizás no, ¿verdad?. Muchas de vosotras la reconoceréis por ser la autora de los retratos de mujeres transexuales con bigote sobre fondo amarillo que aparecen en los créditos y del doloroso retrato de una mujer de espaldas con un dibujo infantil cortado a cuchilla en la espalda que observa Bette en su exposición Provocations.

En la temporada dos, en el capítulo “Lágrimas de Oro”, podemos ver a Bette contemplando las obras de una exposición que aparece titulada en pantalla como Women of Allah (Mujeres de Alá), Muchas os sorprenderéis al saber que se trata de una muestra real de la artista iraní Shirin Neshat que pudo verse en 1997 en la galería Artspeak de Nueva York. La obra de Neshat refleja las dimensiones sociales, políticas y psicológicas de la existencia femenina en las sociedades islámicas contemporáneas. Neshat se opone a las representaciones estereotipadas del Islam y su trabajo recoge y reconoce, en cambio, la complejidad de las fuerzas intelectuales y religiosas que dan forma a la identidad de las mujeres musulmanas alrededor del mundo.

Asimismo, los decorados de la casa y el despacho de Bette Porter han contado a menudo con importantes obras de arte contemporáneo como telón de fondo. En su oficina las obras parecen cambiar según el estado de ánimo del personaje (mítica, a la par que poco sutil, es la instalación que colgaba en su despacho después de ser infiel a Tina con la carpintera y en la que se leía Sorry so very sorry). Entre estas obras, por solo citar una, podemos encontrar una pintura de Laurie Papou, arista canadiense conocida por su re-creación de desnudos icónicos del arte occidental con la intención de reinventar las convenciones de la representación de la sexualidad femenina.
Os suena esta pintura?? Muchas la recordaréis como la obra de gran formato que puede verse en el salón de Bette y Tina durante las temporadas dos y tres. Pertenece a la artista Lisa Yuskavage, una pintora figurativa norteamericana cuyos lienzos representan siempre figuras femeninas, muchas veces grotescas y casi caricaturizadas. A través de la exageración y distorsión del desnudo, la obra de Yuskavage explora los efectos de la percepción de la imagen femenina en los espectadores, dando prioridad a la de las lesbianas; es decir, cómo la representación casi pornográfica de la mujer a la que los medios y la cultura nos tienen acostumbrados afecta al modo en que nos vemos a nosotras mismas y a las que nos rodean.

Estos son solo algunos ejemplos de arte contemporáneo reconocible por todas nosotras gracias a The L Word, obras de importantes artistas que, sin darnos cuenta, han llegado a nuestra vida a través de la pantalla del televisor sin la necesidad de acudir a museos o ser una erudita en la materia.

Haciendo visibles para el gran público a estas artistas, cuya obra está dedicada a transformar la representación en la cultura visual de mujeres y lesbianas, L Word reivindicó, en sus inicios, la posibilidad de construir nuevos significados y formas de representación femenina desde el interior mismo de la televisión comercial, bastión tradicional del heterocentrismo y la perpetuación de la imagen normativa de la mujer. Valorar si, pese a sus buenas intenciones, la serie consiguió o no dar un nuevo espacio a la representación femenina sería material suficiente para otro artículo. De lo que podemos estar seguras es que, gracias a The L Word (y otras series y películas de las que, por falta de espacio, no se ha hablado) sin darnos cuenta, el arte contemporáneo más actual nos es más cercano de lo que muchas de nosotras habíamos pensado.