Antonia, realismo mágico europeo

Estela Zubeldía

Durante la segunda mitad de los 90 la contribución del cine holandés al Séptimo Arte con películas como Antonia (Marleen Gorris, 1995) o Karácter (Mike Van Diem, 1997), ambas ganadoras de un oscar en la sección “Mejor película de habla no inglesa”, situó a Holanda en el punto de mira de los cinéfilos.
Antonia’s Line es la ópera prima de su directora, Marleen Gorris, quien inicia con esta cinta la inmersión en el entramado femenino que será una constante en su filmografía con obras posteriores como Mrs. Dalloway (1997) o Carolina (2003). Antonia es una historia sencilla que repasa la vida de cuatro generaciones de mujeres de una misma familia durante cincuenta años. Su protagonista (Antonia), es una mujer madura que regresa con su hija a su pueblo natal en la campiña holandesa después de la Segunda Guerra Mundial.
Entre ellas y el resto de la familia, que irá llegando con los años, se constituye una relación sólida basada en el respeto por la inclinación sexual, la maternidad o los derechos de la mujer en un medio rural, algo que no comprenderán la mayor parte de los ciudadanos de la aldea. Por su parte, Antonia y su familia irán dando acogida en su casa a una serie de personajes singulares que nos recuerdan aquellas condiciones innatas en el ser humano como la bondad, el miedo, la locura o la capacidad para amar.
La combinación del diálogo con la narración en primera persona y una banda sonora en total consonancia permiten calificar este cuento social como una obra entrañable y mágica.
Antonias line Dir. Marleen Gorris. Holanda, 1995 102 min.