Infidelidad, ¿cuándo, cómo y por qué?

Raquel G. Sotillos // Gele Montaño
Las parejas entre mujeres no se han salvado de la infidelidad y aunque no hay datos estadísticos, se puede decir que esta es inferior a las de parejas de gays. En general en las relaciones entre mujeres se tolera menos la promiscuidad sexual y se muestra intransigente ante la infidelidad. En las parejas de hombres es más habitual encontrar “relaciones abiertas” -en este caso no se trataría de una infidelidad, sino de un “trato” dentro de la pareja- en contraposición con las relaciones de las parejas de lesbianas que son frecuentemente relaciones monógamas, resultando infrecuente la relación abierta.
Las razones por las que una mujer, que tiene pareja, se enrolla con otra, son múltiples. Una puede ser la falta de valor para poner fin a una relación, con lo cual la “solución” consiste en salir una noche y agarrar a la primera que se te presenta dando rendida cuenta al día siguiente para de ese modo te dejen.
En las relaciones de larga duración se pueden dar varias circunstancias, como es la monotonía dentro de una relación, que puede hacer que una de ellas busque la pasión de los primeros momentos en otra mujer. Las crisis de pareja son un torrente de emociones encontradas y en una situación de vulnerabilidad, una “solución” rápida es encontrarse con otra mujer.
En las discusiones, en un impulso y sin pensarlo, algunas mujeres salen beben en exceso y conocen bíblicamente a otra chica.
En otros casos es la falta de autoestima, a pesar de que pueda tener una pareja que la adore y la tenga en consideración, la que hace que se lance a los bares con la intención, sí o sí, de ligar. Es una manera de rellenar los huecos de la inseguridad, al percibirse como valiosa a través de los ojos de otra.
Realmente hay divergencias de opiniones sobre qué es la infidelidad y cuál es la peor: si estar con una chica una noche, si mantener una relación paralela, si enrollarse, si acostarse con alguien una vez… En realidad el problema no es la infidelidad en sí, sino el engaño, que genera una ruptura en la confianza de la pareja.
Todas cometemos errores en algún momento de nuestra vida. Pero, en ocasiones, cuando ese error se repite, la reincidencia ya no nos concede el beneficio de la duda sino que se convierte en una patología que debemos tratar. Aunque también hay que decir, que lo que para algunas puede ser un error, para otras puede ser un nuevo comienzo.
El próximo mes os hablaremos del modo en el que afrontar una infidelidad en la pareja y de cómo seguir construyendo la relación en el caso que queráis seguir adelante con ella.
Consultas
Hola chicas, os cuento: una amiga nos regaló (a mi chica y a mí) unas bolas chinas, la cuestión es que no sé si no las sabemos utilizar bien o si simplemente no nos provocan placer. Estas cosas deberían venir con un manual de instrucciones, pero como no lo tienen os escribimos a vosotras para que nos deis consejos. Un saludo y muchas gracias.
Las bolas chinas (Foto: Laura J.) se introducen en la vagina, donde se deslizan suavemente y con el movimiento de los músculos pélvicos se balancea y chocan entre sí, que es lo que produce placer. Para utilizarlas es preferible estar excitada, y para ello se puede empezar con besos, caricias, etc. Así se consigue que los músculos de la vagina se relajen y se lubriquen de manera natural.
A pesar del tamaño deberían entrar con facilidad, si no es así puede deberse a una falta de humedad, esto se puede resolver utilizando productos artificiales que tienen la misma función (de venta en tiendas eróticas), o bien a que no se encuentre lo suficiente excitada. La vagina es un músculo, por lo tanto tiene la capacidad de ser muy flexible, adaptándose con facilidad cuando se introduce un elemento externo. En alguna ocasión, puede ocurrir que la tensión nerviosa provoque que el orificio vaginal se contraiga impidiendo una excitación adecuada.
Una vez dentro debe quedar fuera un cordel, el cual une a las dos bolas y posteriormente servirá para sacarlas.
No es fácil llegar al orgasmo sólo con ellas, más bien generan una sensación de bienestar gracias a que se deslizan y chocan entre sí. Por eso muchas mujeres lo utilizan para ejercitar los músculos pélvicos mejorando así las relaciones sexuales. De hecho, algunas lo llevan en su interior mientras están en la calle o bien realizan otra actividad.
Con miras en el futuro, fomenta el control de las pérdidas de orina.
Las bolas se pueden utilizar mientras se realiza el tribadismo, es decir, los movimientos pélvicos con los que se consigue el roce de ambos clítoris y las vulvas, así la estimulación ocurre tanto desde el exterior como del interior del cuerpo.